El presente ens…

El presente ensayo pretende dar a conocer algunas de las características de la práctica educativa desde el punto de vista particular de los docentes, se intenta abordar la realidad educativa desde las perspectivas reales de quienes nos dedicamos a la docencia.

 Las interacciones son un elemento fundamental de ésta práctica y por ello son abordadas desde la personalidad del docente y no desde el ámbito externo que son alumnos, directivos, docentes y padres de familia.

 La comunicación es otro elemento fundamental que nos permite mantener nuestra subjetividad acerca de la práctica educativa o transformarla de acuerdo a las necesidades que se nos vayan presentando en la vida cotidiana escolar.

 Finalmente se presentan algunas reflexiones en torno a estos aspectos y la manera en que influyen en nosotros y viceversa.

¿Qué es la práctica educativa?

            Para iniciar con las reflexiones es preciso que nos preguntemos ¿qué es la práctica educativa?

            Para contestar este cuestionamiento me di a la tarea de realizar una pequeña investigación entre mis compañeros maestrantes y algunas de sus respuestas fueron:

Es reflexión cotidiana sobre mi desempeño, es buscar y priorizar las necesidades de cada uno de mis alumnos, estableciendo expectativas lo más apegadas a la realidad de sus vidas, descubriendo y desarrollando mis propias habilidades”

“La operación del conocimiento sobre la educación implementando un enfoque humanista”

“Es el conjunto de acciones que realiza una persona en unión a otra, donde se lleva a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje”

“Es el ejercicio docente en el cual dos actores interactúan estableciendo una relación dialógica para lograr actitudes, aptitudes, capacidades y destrezas confluyendo en el carácter formativo de un individuo en su ser y hacer.”

“Ejercer la profesión docente de una manera responsable, ética y con valores”

“Es la labor que llevamos a cabo pretendiendo alcanzar los objetivos propuestos, conlleva a tener ética y profesionalidad en nuestro quehacer docente, el cual no se limita al espacio físico.”

            Se preguntarán por qué no me remití a un diccionario de pedagogía para obtener esta definición, y la respuesta a esto es que el docente en su práctica lleva consigo diversas concepciones de lo que está haciendo al interior y fuera del aula.

Piña Osorio comenta “El estudio de las pequeñas cosas abre una veta para ser explorada piedra por piedra y encontrar en los yacimientos humanos una variedad de prácticas y situaciones poco pensadas”, refiriéndome con esto a que las ideas concebidas por los docentes en la situación actual de la práctica educativa son en lo particular aquellas pequeñas cosas que nos permiten considerar el rumbo que en la actualidad lleva la educación desde nuestro contexto específico.

            Atendiendo a estas ideas me di a la tarea de formular mi propia definición: “La práctica educativa es la acción ejercida por parte de un docente sobre sus alumnos, de manera que en su actuar intervengan procesos de evaluación, autoexploración y aplicación de estrategias adecuadas para el logro de todas las capacidades de los educandos, realizando este trabajo con responsabilidad y ética profesional y atendiendo a su realidad personal y familiar.”

            Partiré de esta definición para hacer alusión al título del presente ensayo: “Reflexiones sobre la práctica educativa: Interacción comunicación” que es el punto principal a tratar en el siguiente apartado.

La interacción y la comunicación como parte de la práctica educativa

            Como se observa anteriormente en las definiciones que los propios maestros en servicio han hecho acerca de la práctica educativa podemos darnos cuenta de que ésta es simplemente una interacción entre diversos actores: el maestro, los alumnos y la familia e incluso la comunidad que rodea a la escuela, pero ¿De qué manera estas interacciones afectan la intervención del docente desde su ámbito personal?

           Es preciso afirmar que un docente es primeramente una persona con sentimientos y vivencias particulares, los cuales han permitido al individuo apropiarse de competencias específicas que le permiten llevar a cabo esta profesión.  Sea cual fuere el nivel educativo en el que se desempeñe, un maestro se enfrenta cada día a diferentes personalidades dentro del plantel y más aún dentro del aula.  Lo que hace aún más compleja la práctica educativa.

            Si estas personalidades no llegan a comunicarse debidamente la práctica educativa se muestra deficiente, y esto no quiere decir que el docente sea bueno o malo, sino que a diario la interacción nos da la oportunidad de repensar la práctica y mejorarla en concordancia con aquello que pretendemos lograr con los educandos.  Si este proceso de autoevaluación no se presenta en ningún momento de la práctica, dentro o fuera del horario de clase, es entonces cuando se empieza a afectar el ámbito personal del profesor.

            La identidad docente es parte de la personalidad de los profesores, con ella transitamos por nuestra vida cotidiana y si ésta se ve afectada por alguna problemática negativa, la vida personal empieza a decaer, igual que la profesional.

            Un ejemplo de ello es la comodidad en la que nos encontramos en un momento dado y en un tiempo específico, ya que nuestra vida cotidiana esta formada por rutinas como mencionan Berger y Luckmann en su obra “La construcción Social de la realidad”, nuestra vida profesional se encuentra en un momento de confort, conocemos nuestra comunidad, conocemos la escuela y tenemos una estrecha relación con los actores del jardín. 

            El problema se presenta cuando al estar en esta zona de confort sufrimos repentinamente un cambio drástico en todos los aspectos de la vida escolar, nuestra vida cotidiana se ve afectada de tal manera que como mencionan Berger y Luckmann debemos transformar por medio de la alternación nuestra subjetividad, y esto resulta muy difícil, ya que “La alternación requiere procesos de re-socialización, que se asemejan a la socialización primaria, porque radicalmente tienen que volver a atribuir acentos de realidad y consecuentemente, deben reproducir en gran medida la identificación fuertemente afectiva con los lencos socializadores que eran característica de la niñez.”

            Para lograr superar esta crisis personal que el cambio y la alternación nos está produciendo, provocando deficiencias en las interacciones al interior del contexto escolar y que afectan a la par nuestra vida cotidiana es necesario llevar a cabo el diálogo ya que éste “es el vehículo más importante del mantenimiento de la realidad” y nos permitirá de esta manera lograr una mejor comunicación y adaptación a nuestros procesos de cambio.

Reflexiones finales

            A manera de conclusión es preciso comentar que la práctica educativa está llena de interacciones y comunicaciones entre los actores del ámbito escolar, y es a través de ella y de sus características que lograremos los objetivos de la educación en nuestro ámbito profesional.  Pero también es importante no olvidar que los docentes dentro de la vida personal ejercemos una práctica educativa, ya que influimos desde nuestra personalidad en los educandos, así como desde nuestra profesionalidad afectamos a nuestras familias y a nosotros mismos.

            No existen maestros buenos o malos, simplemente somos docentes con nuestras características personales, el éxito es cuestión de actitud, de la toma de decisiones adecuadas, en ocasiones nos enfrentamos a cambios que no todo el tiempo nos favorecen, pero al final es uno mismo el que se renueva diariamente.  Importante es el reconocimiento externo, pero lo es aún más el reconocimiento que surge del bienestar que produce el saber que lo hiciste mejor que ayer o que no te fue tan bien pero lo puedes cambiar. El ser docente se refleja en las experiencias cotidianas, que son susceptibles de cambios, pero es desde nuestra reflexión sobre la práctica educativa que podemos transformar nuestro entorno profesional.

 

 Bibliografía

 

Berger, P. L. y T. Luckmann, “La construcción social de la realidad”, Amorrotu Editores, Nuenos Aires, 1993. Págs. 164-227

 

Piña Osorio, Juan Manuel, “La interpretación de la vida cotidiana escolar”, Plaza y Valdéz Editores, México, 1998, págs. 19-71

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