El papel del docente frente a las reformas del Sistema Educativo Mexicano

En nuestro quehacer cotidiano, nos enfrentamos a reformas educativas que van y vienen, sin tocar la puerta de la comprensión docente.  Por esta razón se dedica este breve ensayo al análisis del papel de los profesores frente a los desafíos que traen consigo las reformas educativas que se han presentado a lo largo de la vida del México contemporáneo.

A partir de la revolución, la sociedad mexicana ha tenido a bien interesarse por la educación, en un principio con el fin de que los individuos se formaran para lograr los avances que en aquella época eran necesarios para la mejora de la economía nacional y que a lo largo de los años ha venido transformándose en busca de la calidad que permita a los educandos su pleno desarrollo físico e intelectual, todo ello en busca de la creación de seres productivos para la sociedad, como podemos observar en el texto de Carlos Ornelas donde afirma que “El artículo tercero de la Constitución vigente establece que la educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano, inculcar en él el amor a la patria y fomentar la solidaridad internacional; deberá así mismo basarse en el progreso científico, ser democrática, nacional y laica, por tanto ajena a cualquier doctrina religiosa; igualmente (…) la escuela mexicana acrecentará la cultura, contribuirá a la mejor convivencia de la especie, reproducirá ideales de fraternidad e igualdad de todos.”1

Para que la educación impartida por el Estado logre estos objetivos, existe una figura fundamental, que poco o nada es mencionada en los textos constitucionales.  Sabemos que la educación en sí no puede darse de manera espontánea, sino que desde el momento de hablar de la misma aparece indudablemente el docente, el intermediario entre el conocimiento y el aprendizaje. Pero ¿por qué el maestro es la pieza invisible en la mayoría los textos educativos?  Innumerables autores hablan de la educación, de su historia, debaten si es una ciencia o un arte, hablan de sus objetivos fundamentales, del currículum, en fin se habla de todo, menos del maestro.  Y por tanto decidí hablar de él, de su identidad, del rol que juega dentro del sistema educativo.

Para hablar un poco de historia, en 1920 al poco tiempo del término de la Revolución Mexicana inicia el periodo de reconstrucción nacional y el Presidente Álvaro Obregón crea un programa de desarrollo institucional a través del cual se pretendía lograr la institución nacional y el avance económico por medio de la introducción de tecnologías en materia agraria; pero para ello resultaba necesario educar al pueblo mexicano porque “… la instrucción –declara Obregón- es la mejor arma de defensa que debe tener todo ciudadano; primero, para exigir sus derechos cuando ellos son violados; segundo, para definir sus derechos y saber también cuando empiezan los de los demás…”  y por tanto el 5 de septiembre de 1921, José Vasconcelos crea la Secretaría de Educación Pública, organismo rector de la educación en México. Y siendo el rector de la Universidad expone claramente el impulso de una profunda “reforma intelectual y moral” y por tanto aboga por brindar educación a los campesinos e indígenas, para que se inserten en la sociedad moderna, de ahí surgen las Normales rurales, que formaban maestros que se encargaran de educar a los campesinos en las zonas alejadas del país.

De aquí que se inicia una concepción del maestro.  En primer lugar, los profesores no tenían una profesionalización, sino que las escuelas Normales los facultaban para dar “instrucción” en las zonas rurales y combatir el analfabetismo.  Sin embargo, el maestro cobra frente a la sociedad una identidad fuerte, se convierte en un símbolo de respeto, que en su arduo quehacer de educar al campesino, se ganó la confianza de los mexicanos.  Sí, esta se convirtió en la identidad del docente en aquellas épocas.

Surgió entonces, en el periodo en que Bassols se convierte en Secretario de Educación, una Reforma a la educación rural, la cual considera que es necesaria la capacitación técnica e ideológica del magisterio y crea Escuelas Regionales Campesinas y es entonces que el maestro recibe una nueva identidad: mientras para Vasconcelos “el maestro es concebido como una especie de misionero cuyo deber es iluminar a los sectores atrasados con los rayos de la cultura, y por este camino conducirlos al camino de la civilización”[i] para Bassols, el maestro aparece como un planificador económico que toma a su cargo una región para transformarla productivamente”2 como lo describe Martínez Della Rocca en uno de sus textos.

A partir de entonces inician variadas reformas educativas, aunque éstas fueran en un principio las más importantes o como hiciera énfasis José Teódulo Guzmán en uno de sus discursos: las de “mayor creatividad pedagógica”. En 1958, el presidente Adolfo López Mateos crea el “Plan de Once Años” que tenía por objeto “garantizar a todos los niños de México la educación primaria y obligatoria”.  En 1964 se adoptan los métodos “aprender haciendo” y “enseñar produciendo” para la enseñanza media, se organiza el servicio vocacional en la misma y se crean las Telesecundarias.  Otra reforma educativa se presenta en 1971 por el presidente Luis Echeverría en la que se democratizó la educación Preescolar y se incluyeron los Libros de texto gratuitos en primaria y finalmente en 1982, el Presidente Carlos Salinas de Gortari descentraliza la educación Pública y se abre el debate entre neoliberalismo, corporativismo y liberalismo social.  En la actualidad la reforma de la Educación Básica pretende unificar los tres niveles de la misma y los coloca en un mismo eje temático.  Se hace “obligatoria” la educación preescolar y finalmente el trabajo se transforma, educando a través de competencias para la vida.

En esta última Reforma observamos las implicaciones económicas que de manera global se sumergen en las políticas del Estado Mexicano y que atienden a intereses capitalistas que de cierta manera se basan en los métodos de las hegemonías económicas a nivel internacional.

Sin embargo, frente a todas estas Reformas que van y vienen como ya mencioné anteriormente y entran en las escuelas, entran en las aulas sin tocar las puertas, obligando al docente a comprenderlas durante su incorporación y a marchas forzadas, es aquí donde debemos recordar quién es el profesor, qué papel juega en este proceso de reformas, mismas que Teódulo Guzmán asegura en su discurso que “no han implicado un cambio sustancial e integral de la educación nacional, ni mucho menos han contribuido a la configuración de un modelo independiente de desarrollo”, pero que sin embargo están presentes en los componentes del Sistema Educativo Nacional.

Ahora bien, el profesor ante estos cambios es concebido de mil formas según las Reformas que se vienen, pero en sí mismo ¿cómo se concibe el docente?  Desde mi muy particular punto de vista el docente está ahí caracterizado por todas esas acciones que lo hacen especial, ha sido instructor, guía, profesional de la educación, padre, amigo, psicólogo, orientador, resguardo, orador, etc. Y éstas características a la vez son las que lo hacen profesor.  Podrán venir mil Reformas, pero el apoyo, la actitud y amor por la profesión, el soporte hacia los alumnos, hacia las familias son las principales razones que le permiten salir adelante.

No permitamos entonces que esa identidad se extinga, trabajemos para que en los albores de la nueva Reforma educativa, el docente renazca y continúe su jornada con base en los valores que nos permiten SER, CONOCER, HACER y VIVIR JUNTOS como Jaques Delors menciona en su texto “La educación encierra un tesoro”.  Delors habla de cuatro pilares de la educación que ya mencioné anteriormente, sin embargo, para que éstos realmente se conviertan en los pilares que sostengan el amplio entramado educativo, deben ser parte de la identidad del docente, pero ¿Por qué?  Porque es necesario que el profesor conozca, esté en constante  interacción con el aprendizaje, que aprenda a buscar en cada situación, en cada momento la oportunidad de apropiarse de los conocimientos que éstas le brindan. Del mismo modo es de suma importancia que el profesor aprenda a hacer, tener siempre la respuesta a las nuevas tecnologías que día a día metamórficamente surgen de las inteligencias del ser humano. Aprender a vivir juntos y así enseñar a nuestros alumnos a hacerlo también, anteponiendo la cultura, los valores como el respeto y la solidaridad y finalmente aprender a ser, porque como educadores, si no desarrollamos globalmente cuerpo y mente, no seremos críticos y reflexivos y mucho menos enseñaremos a nuestros alumnos a serlo, lo que nos llevaría al declive de la democracia, y sabemos que ésta pende de un hilo.

Les exhorto entonces, docentes, a que no pierdan su identidad en cada reforma que se presenta mostrando indiferencia al cambio, no pierdan esos valores que hasta nuestros tiempos nos han llevado a ser el viento que mueve las barcas de nuestros alumnos, ya que es deprimente y vergonzosa, la pobreza moral que en los últimos días está viviendo un sector del magisterio, no le quitemos a la niñez de nuestro pueblo y a la sociedad en general, la confianza, el amor, el respeto, la imagen sólida de que el maestro es soporte de la educación de los que mañana serán los profesionistas, los científicos, los gobernantes de nuestra nación. Actualízate, evalúate, aprende junto a tus alumnos, descubre cada día en tus alumnos la riqueza de la enseñanza, porque la verdadera transformación no está en los textos sino en las acciones.


BIBLIOGRAFÍA

 

DELORS, Jaques (1996) “La Educación encierra un tesoro”. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, presidida por J. Delors.  España: Santillana-Ediciones UNESCO, Capítulos 4, 6 y 7 (págs.. 95-109, 129-159, 161,177)

 

GUZMÁN, José Teódulo. “Alternativas para la educación en México”. Editorial Gernika, México 1978. Págs 121-178.

 

MARTÍNEZ Della Rocca, Salvador. “Estado, Educación y Hegemonía en México, 1983, pág. 159

 

ORNELAS, Carlos, (1995). “El sistema Educativo de México. La transición del fin de siglo”. México. Centro de Investigación y Docencia Económica-Nacional Financiera- Fondo de cultura Económica. Capítulo II. Pág. 57

 

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